viernes, 30 de octubre de 2015

Elle

"Elle”.           José Ignacio Arteaga Romero

Hoy será un día diferente. Me levanté con una alegría que no había sentido en mucho tiempo, no desde la primera vez que me puse tacones y supe quién quería ser en realidad. Me dispuse a iniciar mi rutina diaria, aunque hoy incluiría unos cambios. Me levanté; me metí a bañar; me puse mi nuevo vestido rojo que al fin decidí comprarme, veía ese vestido todos los días al salir de mi trabajo en el escaparte de una tienda que está en “Antara” y siempre imaginaba como me vería con él; me cepillé mi cabello, me maquillé, me puse un labial rojo para que combinara con mi nueva adquisición y completé mi “look” con unos tacones negros. Me encantaba como lucía. Era la primera vez que podía decir eso.


Hace unos días trabajaba en un restaurante en Polanco, la paga era buena pero no me gustaba trabajar ahí; en realidad nunca quise entrar a la escuela de gastronomía, la verdad era que yo quería ser modelo pero mi padre me obligó a ir a la universidad y, no es que a él le fascinara la idea que yo fuera chef pero para mi papá eso era mejor que verme posando o en pasarelas.

Pero hoy, por fin, seré quién quiero ser… quien soy.

Estaba preparándome para ir a una agencia que estaba ofreciendo becas para un curso sobre modelaje, en donde me enseñarían a caminar, a posar, a usar mis facciones y a pararme como una modelo; pero lo más importante era que al final del curso, si eras de las más destacadas, te harían un reportaje especial en la revista “Elle México”.

¡A mi padre le encantaría ver eso! Nunca me apoyó ni creyó en mi, en todas las oportunidades que tenía para hablar con él sobre mi forma de ser él cambiaba el tema y decía: “Nadie en está casa va a dedicarse al modelaje, fin de la discusión”, pero ahora que murió de cáncer de pulmón es mi oportunidad de ser yo. Un día después de su funeral renuncié a mi trabajo.

Bajo las escaleras del edificio en dónde vivo, veo a mi vecino Enrique que vive en el piso de abajo y se queda boquiabierto, no sabe ni qué decir, así que se limita a decir “Buenos días, José María” a lo que yo respondí: “María, sólo María. Buenos días, Enrique”. Salgo del edificio y puedo sentir las miradas de todos sobre mi ¡me encanta esa sensación!

Estaba lista, decidida y segura: María será la mejor modelo de éste país…

3 comentarios:

  1. Jajajaja me gusto tu título por que se parece a "ella" jaja :) bien redactado, me gusto mucho es muy entretenido :3

    -Metz Santiago

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  2. Excelente historia. Necesita trabajo, pero es muy bueno.

    Z

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  3. Excelente historia. Necesita trabajo, pero es muy bueno.

    Z

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